Chile 2008. Día 9: Aduana

By alvaroemur

Quizás hasta antes del medio día, este post se habría llamado “carreteras mojadas” y habría ido acompañado por un fragmento de la canción del mismo nombre. No, hubiera sido muy aburrido contar cómo fue el camino, la nieve, la aduana… Completely uneventful. Pero tampoco. A ver, se los dejo a su imaginación. Son las 2 de la tarde, hora argentina, llevo 5 horas de viaje en bus de Santiago, llego a la aduana Argentina, un puesto techado pero al aire libre en donde entran los buses y hay que bajar a pelarse de frío. Bajo con todos mis documentos: mi pasaporte, el papelito que me dieron en el bus que dice “Chile-Argentina”… En mi defensa debo decir que nunca había pasado de un país a otro que no fuera Perú y… Ok, dejésmoslo ahí. Que la imaginación discurra. La historia de seguro es conocida, así que para innovar hagámosla en retrospectiva.

11:10pm. Carne y vino argentinos llenan mi boca peruana. Creo que había estado esperando este momento desde hace rato. ¡Lomo!

Veinte minutos antes. Estamos en el cuarto del hotel, Hotel Castillo, por fin, después de ver varios hoteles al paso decidimos que este es el indicado. Franco nos recriminaba por qué no nos habíamos quedado en el primero que pudimos. Es temprano, podemos pasear, sólo llevamos mochilas. La verdad es que no me provocaba y tenía ganas de pasear.

Nuevo y pico. Después de 10 horas de viaje (3 más de lo previsto) hemos llegado a Mendoza. No estoy tan cansado como me lo esperaría. La verdad es que el bus de dos pisos era muy cómodo.

Son las 7 de la noche. El simpático argentino (el terramozo) nos dice que lo que hicieron los gendarmes pseudo-aduaneros que pararon el bus, es ilegal y llegando a Mendoza se iba a quejar.

Media hora antes. Llevamos más de 40 minutos detenidos porque un operativo de pacos deciden revisar el equipaje de la bodega por si acaso. Ya lejos de la aduana, por cierto. Quiero llegar.

Una hora atrás. Uff. Ya tengo mis papeles del paso de Chile a Argentina seguros conmigo. Bajo al primer piso del bus y le entrego 5000 pesos al simpático argentino porque en verdad se los merecía. Che, no te preocupes, sólo le di una gaseosita. ¿Ok? Déjà vu.

Veinte minutos antes. La adrenalina sale a chorros por primera vez en el viaje. Raro, debió salir antes (seguir leyendo). No encuentro los papelitos que me acaban de dar. Maldición. Dos veces no puedo perder esas cosas.

Una hora menos. Me encuentro muerto de frío en el puesto argentino. Agradeciendo que estoy del otro lado, quiero decir, en Argentina. El carabinero sonríe contento porque algo debe haber sacado de todo esto. Yo entrego un papel en la ventanilla argentina y espero reentrar al cálido interior del bus.

Media hora antes. Vai tene que regresar, po. Sin la visa no podis salir, wn. Tenís que esperar que pase un bus y te lleve. (Sí, sí, yo sé que quizás exagero e imito muy mal el chileno escrito.) No puede ser que uno depende su existencia en un país de un papel diminuto. Papeleo inútil. Burócratas. Resulta que yo, el muy baboso, salí de la casa de Rodrigo esta mañana con el puro pasaporte. O sea, sí sabía que en el avión me habían dado un papelito para entrar a Chile. Supuse que con ese debía regresar a mi país, así que lo dejé como para “que no se me pierda”. Bueno, algo aprendí. Nicagarua me quedaba en la nieve esperando, estaba seguro que de alguna manera pasaría, y si no… bueno, me devolvería solo e iría al país de la plata al día siguiente para encontrarme con Franco y Rodrigo.

I’m an alien, I’m a legal alien, I’m an Englishman in New York.

Treita minutos atrás. Hace frío, no sé porque nos han hecho bajar del bus tan pronto. Hay una cola larga de personas que vienen en bus. El sitio es mediano, como un peaje de carretera de tres carriles. Por uno pasan los grandes buses internacionales de 50 pasajeros. Por otro, los carros autos particulares. Por el tercero, no pasa naa. Hay alrededor de cinco perros flacos y chuscos merodeando entre la gente y los autos. Yo creo que son detectores de droga.

10:30 am. El bus parte de la estación de buses de Santiago. Nos espera un largo viaje.

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