Chile 2008. Día 15: Nieve

By alvaroemur

I get knocked down but I get up again, you’re never gonna keep me down. (…)

Hoy fue jueves y, aunque los húmeros no me los puse a la mala, parece que el hombro sí porque me ha quedado doliendo. Es de esperarse después de tantas caídas y revolcadas. Pero nada me mantuvo abajo porque me estaba divirtiendo horrores en El Colorado, uno de los centros de ski cerca a Santiago.

Hace varios días que queríamos ir a esquiar. Franco, que ha pasado todo un verano trabajando en un centro de ski en los yunaites, tenía ganas de ir a snowboardear y yo, que nunca había estado en la nieve, quería ir a conocer. De hecho, a mí me hubiera encantado más hacer snowboard, pero hubiera tenido que alquilar el equipo y me hubiera salido más caro. Entre 15 y 20 mil pesos. Visto de otro lado, eso no es nada comparado con lo que se gasta en un sitio así. Y yo no pude hacer ningún ahorro o descuento debido a que pagué para que me enseñaran. Pero bueno, la plata a un lado, la pasé bravazo y espero volver (y gastar menos). Como dije, hace varios días que planeabamos esto y chequeabamos el clima. Se pronosticó lluvias en Santiago y “parcialmente nublado” en la montaña. La mamá de Rodrigo nos decía que si acá llueve, allá nieva. El miércoles estuvo muy nublado, el cielo embobedado de nubes muy similares a las limeñas. El día estuvo horrible en comparación con hoy.

Nos despertamos a las seis y media. Salimos una hora después con todo el equipo. Franco arrendó el suyo cuando llegamos al sitio de donde partiríamos. Un bus de 20 pasajeros nos recogió y nos llevó a El Colorado a las 8:30. Existen otros centros de Ski como La Parva, Valle Nevado o Farellones. Pero decidimos ir a ese por ahorro (aunque Farellones era más barato pero era muy fome). A las diez de la mañana llegamos. No hacía tanto frío como me esperé. Todo el lugar estaba cubierto de nieve, un polvo blando que se combinaba perfectamente para formar hielo compacto y amasable. Debo decir que dicha cualidad de la nieve no duró todo el día. Seguro quien sabe de nieve sabe que estoy diciendo cosas obvias. Pero para mí era divertido.

Pagué por las clases y un señor, con aires de nunca haber crecido y madurado a su edad, me llevó a la pista de principiantes (de la cual nunca me moví – ver foto) para enseñarme a bajar en cuña. Supongo que bajar a la velocidad mínima y frenar son cosas que un principiante necesita saber para no sentir que va a morir. Una mísera hora duró la clase. Más adelante con mis amigos, especialmente con Franco, aprendí a ir con más confianza y a sobre llevar el vértigo. Vas bieeeen rápido.

Me caí tiré para un lado todas las veces que bajé menos una. Cuando aceleras mucho la mejor forma de frenar es doblar y dejar que la pendiente te desacelere. Sin embargo, pocas veces lo recordaba y cuando me veía llegando al pie de la ladera, al costado de los andaniveles de arrastre, me lanzaba para donde pudiera. Después me di cuenta de que cuando ya estabas abajo, a pocos metros de la gente (de los estúpidos que se tomaban fotos también) era mucho más fácil frenar porque el terreno está nivelado. Bueno, en una de estas frenadas rookie me caí de lado y como la nieve no era blanda como en la bajada sentí que el hombro se me salió para atrás. Un dolor se desató inmediatamente y fue en aumento y pluck!, el hombro regresó a su sitio. Una chica me preguntó ¿estás bien? y no tuve fuerzas para contestarle. Solté las fijaciones de los skies y regresé asustado al sitio para descanzar. No mucho rato después vi a Franco, le conté lo que sucedió, lo acompañé a comer algo y volvimos a seguir esquiando.

Fue un día muy bueno. A las 5:30 partimos de regreso. Hasta ahora me duele el cuerpo (ahora = viernes en la noche). Good night, good fight.

Lamentablemente no puedo acompañar este post con fotos espectaculares del paisaje porque no llevé la cámara. Tenía miedo de que se mojara o algo. La próxima vez la llevaré. Rodrigo tomó fotos con su celular, así que le agradezco profundamente su contribución.

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