I want to be the very best like no one ever was. To catch them is my real test, to train them is my cause. I will travel across the land searchin’ far and wide. Each Pokemon to understand the power that’s inside!
Pokemon! It’s you and me. I know it’s my destiny!
Pokemon! Ooh you’re my best friend in a world we must defend!
Pokemon! A heart so true, our courage will pull us through.
You teach me and I’ll teach you.
Pokemon! (Gotta catch ‘em) Gotta catch ‘em Gotta catch ‘em all!
Me hubiera gustado tener más razones para hablar de ellos. No son esos monstruitos con nombres onomatopeyizados. Son una sub-clase urbana chilena: esos chicos parecidos a los emos, con ropas de colores nada a la moda (o a su moda), pelo oscuro y lacio, miradas lánguidas y esbozos de indiferencia. Su vida parece determinada por su rechazo a las normas sociales y ser ignorados. Pero quién soy yo para juzgarlos. Quizás bajo las condiciones adecuadas yo sería como ellos. Los pokemones son más de 150, son personas, cada una distinta de la otra.
UPDATE: El siguiente extracto fue tomado del grupo de Facebook “¡Los que quieren un Chile sin Pokemones!“:
Llámese Pokemón ([PO]bre [K]uliao [E]nfermo de ma[MÓN]), al especimen que queda de un HxC y un Flaite, los pokemones son emos disfrazados de flaites, pero con la diferencia que ellos son niñitos de mamá que no pueden vivir si no tienen celular y fotolog.
Aunque es posible que exista una especie de características similares en otros países, los pokemones son originarios de Chile.
(…)
Los pokemones se caracterizan (…) en que todo lo que les pertenece es de marca, entonces si estos son asaltados, acabaran llorando porque perdieron su esencia pokemonística.
Hoy salimos Franco y yo con Martin a una galería llamada Portal Lyon a buscar CDs baratos y ver a estos freaks de las tribus urbanas. No vimos muchos, por eso me lamentaba al inicio de este post. Pero paseamos harto y, al menos yo, me deleite con la vista urbana. Entramos en un Starbucks y vi que vendían Suspiro Limeño, en forma de un keke relleno. Luego de pasear un par de horas con Martinizer, regresamos a almorzar.
En la tarde, y hasta bien tarde en la noche, vimos dos películas alquiladas: Superbad y Tenacious D. Groseras, pero buenas. Comimos pizza de nuevo. Ya siento que el viaje se acerca a su fin.
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