Había puesto el despertador para las 8:20 pero no lo logré. Recién el sol cayendo en mi cara (estaba brígido el sol) logró despertarme a las 9 y media (algo temprano para ser domingo). Con tan wen día decidí hacer un recorrido en bicla por los alrededores y lo más interesante que pasó fue ser detenido por chicas-recaudadoras-de-dinero-por-una-buena-causa, las cuales me confundieron con un argentino… les di dinero y me dieron un sticker.
Después de volver a casa y de un descanzo, tuvimos un segundo paseo (esta vez fuimos Martín, Álvaro y yo) hacia el pequeño cerro que hay cerca de santiago. El paseo estuvo divertido, con hazañas intrépidas dignas de bicicleteros (incluyendo bajar caminitos de barro empinados e ir a toda velocidad de bajada por la pista). Lo que nos tomó 1 hora en subir lo habremos bajado en 20 minutos.
Ya en la casa nos encontramos con muchos familiares de Rodrigo en ella dispuestos a hacer un rico asado (parrillada en peruano): primos, tíos, tías, primas y sus mascotas. La tarde pasó muy amena viendo preparar a los tíos la parrilla, preparando nosotros un pisco sour chileno a la peruana (el cual, a pesar de la buena acogida que tuvo en los degustadores, sobró) y todos comiendo en la mesa juntos. Todos muy buenas gentes y con buen sentido del humor. Entre las actividades realizadas se incluyó unas partidas de ping pong que duraron hasta que los invitados se fueron.
La mascota visitante fue una bulldog (mamá de Gaspar, el perro de acá). Y si yo pensaba que Gaspar hacia ruidos porcinos, esta perra era un motor a diesel. Además, la boca del perro este iba casi de oreja a oreja (alguien hizo alusión a un personaje de la última película de batman para describirlo), jadeaba y ¿roncaba?
En la noche nos tocó un suculento plato de arroz chaufa bien peruano (con su repetición más) que nos dejó más que satisfechos. Y ahora a dormir que nos esperan horas de clases desconocidas y chilenas en la cato.
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